Con este nombre tan español nació la que iba a ser la primera escudería de Formula 1 de España. El proyecto llegó de manos de Nick Wirth, un ingeniero británico que entre 1988 y 1989 diseñó componentes aerodinámicos para los monoplazas March del equipo Leyton House. En 1989 fundó, junto con Max Mosley, la empresa Simtek Research, destinada a la fabricación de infraestructuras y componentes para la Formula 1, como los túneles de viento y diferentes chasis que después eran vendidos a otros equipos.

A mediados de 1992, con la idea de crear su propio equipo de competición de Formula 1, Wirth acudió a Adrián Campos, quien por entonces contaba con un palmarés como piloto de Minardi entre 1987 y 1988, para crear la nueva escudería.

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A finales de 1992, durante una rueda de prensa, se dio a conocer los planes de la nueva escudería fundada por Adrián Campos, con un equipo formado por Nick Wirth, que a su vez contaba con el apoyo de Jean François Mosnier -quien contaba con una amplia experiencia en equipos de la talla de Brabham, Cooper, Ligier y Lola- y Joan Viladelprat -por entonces ex ingeniero de Benetton-. El piloto estrella del equipo sería Jordi Gené, hermano mayor de Marc Gené, quien acaba de terminar el campeonato Formula 3000 en quinta posición.

Aunque el proyecto contaba con una ilusión plena puesta por cada integrante del equipo, los entendidos en el mundo del gran circo veían con gran escepticismo la puesta final del monoplaza en algún Gran Premio. Y es que lo de Bravo F1 es quizás una de las mejores guías de: ‘Lo que no hay que hacer a la hora de crear una escudería de competición de alto nivel’, como es la Formula 1.

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Para empezar, el equipo estaba formado por tan solo tres mecánicos, a parte de las que iban a ser las altas esferas mencionadas anteriormente. Con un único patrocinador firmado, el periódico ‘El Mundo’, y un principio de acuerdo con la firma de relojes Casio, Bravo F1 contaba con el presupuesto más bajo de la Formula 1, siendo de tan solo tres millones de dólares.

Con suerte, si el siguiente punto no hubiese sido por completo catastrófico, podrían haber sacado adelante el proyecto pese a la falta de medios y de personal.

Sin embargo, el talón de Aquiles fue el monoplaza. Fue diseñado anteriormente por Simtek Research, la empresa de Max Mosley y Nick Wirth, como proyecto de entrada de BMW en la Formula 1 para la temporada del año 91. La marca bávara decidió desechar el proyecto a favor del mundial de turismos, por lo que los británicos vendieron el proyecto al italiano Andrea Sassetti.

Este empresario no era ni más ni menos que el dueño de la empresa de calzados ‘Andrea Moda’, quien en 1991 compró la ‘Scuderia Coloni’ y en 1992 intentó competir con sus monoplazas, los Coloni C4B. Sin embargo, la FIA no aprobó la entrada de estos y Wirth aprovechó la ocasión para vender su proyecto.

En un tiempo record en el que los mecánicos tuvieron que trabajar durante largas jornadas de sol a sol, con ayuda de otros mecánicos de otras escuderías, se consiguió preparar dos monoplazas bautizados como Andrea Moda S921 para el Gran Premio de México, el segundo de la temporada. El proyecto fue un completo desastre y, en lo que duró su temporada, tan solo consiguieron clasificar uno de ellos en el Gran Premio de Mónaco, donde duró once escasas vueltas antes de romper. La temporada duró hasta el Gran Premio de Bélgica, donde Andrea Moda fue excluido del mundial y fue detenido por fraude.

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Para 1992, el proyecto Bravo F1 retomó estos monoplazas, rebautizados como Bravo Judd S931. El principal cambio fue la sustitución del V10 de origen Judd por un V8 del mismo fabricante. Tras haber intentado comprar otros de Mugen y Lamborghini, se tuvieron que conformar con el propulsor más barato de la parrilla.

Con los mecánicos trabajando a contrarreloj, el primer monoplaza estuvo listo para el crash test de la FIA. No lo superó. Para empeorar las cosas, llegó el duro golpe de la muerte de Jean François Mosnier y la dificultad de pagar la fianza requerida por la FIA.

Continuaron pasando los días y las dificultades cada vez eran mayores. No había dinero y sin este no había forma de adecuar el monoplaza al crash test. Finalmente, la FIA les excluyó del gran circo de la Formula 1, acabando con el sueño de la escudería y con las oportunidades de la futura promesa, Jordi Gené.

Pese a todo, Nick Wirth continuó su sueño y en 1994 participó con su propia escudería Simtek y sus monoplazas S941, con el que desgraciadamente perdió la vida Roland Ratzenberger en el fatídico Gran Premio de San Marino.

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