La época de 1930 fueron años de dura competitividad. Los países desarrollados, con vistas a demostrar su poderío ante la multitud, invertían grandes sumas de dinero en investigación y desarrollo, diseñando inventos extravagantes y en ocasiones pufos de muy alto nivel. Todo ello con el único fin de la propaganda política.

Del invento que hoy os voy a hablar podría perfectamente meterse en la categoría de pufos. No porque no funcionase, sino porque el mundo se quedó sin poder ver si era realmente eficaz.

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Hans Stuck, quien fue piloto oficial del equipo Mercedes durante su periplo con los monoplazas conocidos como flechas de plata, convenció a la marca alemana de fabricar un vehículo experimental con el que batir el record del mundo de velocidad sobre vehículos. Mercedes, a su vez, se lo comunicó a Hitler, quien anteriormente dio el visto bueno por las flechas de plata. Y como era de esperar, también dio luz verde al proyecto T80. Aunque eso sí, Mercedes tendría que unir sus fuerzas con Auto Union, pues el diseño tenía que correr a cargo de Ferdinand Porsche.

Antes de ponerse mano a la obra, tenían que fijarse unos objetivos, el cual se fijó en superar la barrera de los 550 kilómetros por hora. Con esto en mente, la aerodinámica era un gran problema en unos años en los que los conocimientos por la fuerzas del aire eran aun grandes desconocidos. Pese a todo, Ferdinand Porsche hizo un gran trabajo, diseñando una carrocería con líneas angulosas pero suaves, con un coeficiente aerodinámico de tan solo 0.18 Cx. Para evitar que el T80 despegase, se dispusieron dos alas invertidas a los laterales de la carrocería de 8 metros de longitud.  El desarrollo del chasis también corrió por parte de Auto Union, así como el resto de la mecánica.

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A cargo de Mercedes quedó la parte del propulsor. Con un objetivo ya marcado, superar los 550 kilómetros por hora –más adelante se aumentó a 750 kilómetros por hora al haber sido nuevamente superado por un grupo de ingleses en el desierto de Bonneville-, había que pensar en el motor. Desarrollar y fabricar uno nuevo solo para la ocasión salía muy caro, por lo que el fabricante germano acopló al chasis el Daimler-Benz DB 603, un V12 invertido de 44.5 litros de cubicaje, el mismo que usaban los famosos cazas alemanes de la Segunda Guerra Mundial.

Según los cálculos, haría falta una potencia cercana a los 3.000 CV para poder batir el record de velocidad, pues en conjunto el T80 tenía un peso de casi tres toneladas, 2,9 T. Esta potencia era entregada a los dos ejes traseros, dejando el eje delantero libre para la dirección. Contaba con un control de tracción muy primitivo que permitía que ninguna de las ruedas traseras patinase.

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Debido a intereses políticos, el record de velocidad iba a batirse en suelo alemán, en la que fue llamada la semana de la velocidad. Se diseñó y pavimentó una pista de 10 kilómetros de largo y 25 metros de ancho, entre las ciudades de Dessau y Leipzig. Pero desgraciadamente, el estallido de la guerra mandó al traste el proyecto y con él el intento de batir el record de velocidad.

El Mercedes T80 fue guardado en un lugar seguro de Austria. Sin motor, pues este fue entregado a la Lufwaffe para suplir a uno de los cazas Messerschmitt Bf 109.

Actualmente se encuentra expuesto en una de las paredes del museo Mercedes-Benz, en Stuttgart.

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